El poder situado en el imitar - el maquillaje como un arma - . Desde que existe oficialmente un solo DIOS, la mujer siempre han sido considerada una criatura del simulacro, de la impostura, por lo tanto no leibles o confiables. En la obra Ugarte/Rivera/Gonzalez existe una inquietante y significativa preocupación con la auto representación: notan que la relación al deseo es la impuesta desde lo masculino, en donde la autopresentación debe ser absoluta sin artificio, sin maquillaje, sin mentira y sin decepción. Pero ¿ no es la decepción una forma juguetona de reverenciación de la multiplicidad de la vida, más que una subyugación de la mentira a la verdad?